HISTORIAS DE CADA DÍA… En los últimos tiempos

Uno de estos días, de estos últimos tiempos, escucho a una alumna mía (3º de primaria), tratar de convencerme de su interpretación “errónea” de un hecho matemático incuestionable, y su argumento era: “Es que yo CREO que es así, por tanto, ¡llevo razón!…“. Me vi como tres en un zapato, para que comprendiera la diferencia entre HECHOS Y CREENCIAS sin herir su autoestima, porque su entusiasmo era tal que parecía que había descubierto la pólvora… 

Y sobre este “hecho” me preocupan tres cosas, como poco: 

1ª)  ¿Qué hice para que ella llegara a esas conclusiones? pues yo soy muy de… voy a tratar de que lo comprendan todo como sea, y el “cómo sea” puede ser peor, pues les meto más complejidad en las explicaciones y los lío más. 

2º)  ¿Cómo es posible que la niña haya aprendido, que si ella lo cree y defiende, se convierte en un hecho, y por supuesto, ella lleva la razón? 

3º) Con nueve años, un niño o niña … ¿sabe diferenciar entre hechos y creencias? En principio, sí, si lo expones con ejemplos claros y sencillos, lo ven. Pero todos sabemos que estos tiempos tienen de todo menos claridad y sencillez. 

¿En serio, es posible que los niños crean que tienen capacidad de cuestionar y cambiar los hechos, como si eso fuera un pequeño juego sin trascendencia, ni para ellos ni para su entorno, y que tengan tanta soberbia que no haya quien les haga ver la realidad de su error? ¿Les estamos transmitiendo eso, con tanto amor y educación emocional, con tanto “tú vales mucho”? 

Todo esto me dejó perpleja y preocupada por igual. 

Y COMIENZO A HACERME PREGUNTAS 

¿Qué estamos haciendo mal, como sociedad, y sobre todo en la escuela?

Quiero comprender qué estamos haciendo mal, para que empiecen a ocurrir este tipo de momentos, y no vivo más situaciones como esta, porque no me da tiempo a saber cómo piensan cada uno de mis alumnos en profundidad, cómo construyen su conocimiento de la realidad. 

Observo que los niños y niñas al estar tan libres y frágiles a cualquier tipo de influencia, con tanta información y sobre todo desinformación a un clic de sus dedos, se ven sometidos a un sin fin de ideas, tan ambiguas y desestructuradas, que no sé qué efectos puede causar en su formación inicial. 

ME PLANTEO

La escuela es el lugar donde aprenden hechos. Hechos científicos, claros y aceptados por toda la sociedad. Esto ha funcionado hasta hoy. Es una “casa” de conocimientos con buenas bases, bien construida, y a la cual puedes volver para apoyarte para seguir formándote, o para vivir tu día a día con un mínimo de coherencia. 

Por ejemplo, la coherencia y el sentido que nos da que todo el mundo en un mismo país, hablemos el mismo idioma. Eso es coherente y funciona. Luego tenemos que aprender los hechos y la estructura de nuestra lengua. 

PERO…

¿Cómo va una persona a aprender un idioma, si no conoce el hecho, es decir, el significado de las palabras que se usan o su funcionamiento y sentido? Pero ya no queremos aprenderlo, porque saber, por ejemplo, el sujeto y predicado en una frase, según muchas voces (¿”preparadas”?) esto no es relevante para ellos, porque no lo vamos a necesitar en el futuro… ¿En serio, se reduce todo a utilidad? 

O, ¿cómo puede una persona aprender la complejidad de las matemáticas si no comprende lo que significa “dos”? Hechos sencillos y claros, entendidos poco a poco, de manera que se pueda comprender, más adelante,  la vital importancia de las matemáticas en el mundo actual. Y como las matemáticas nos rodean por doquier. 

¿Cómo puede una persona cuestionar ni por un instante que si se tira por la ventana el resultado será que se estrellará en el suelo? ¡Nadie lo duda, nadie duda de ese hecho incuestionable! Pero a veces, miramos a nuestro alrededor y vemos en muchas discusiones, a la gente queriendo convertir lo blanco en negro o… la tierra en un plano. 

Es muy serio y preocupante que tantos “hechos” se puedan tergiversar, malinterpretar, o simplemente decir con toda la naturalidad del mundo: “esto es así, porque yo lo digo”. 

Recuerdo aquel vídeo que circuló por redes, de una maestra que trataba de explicar a su alumno que dos más dos eran cuatro, pero el niño le decía que eran veintidós, porque para él era más fácil estudiarlo así… muy interesante todo el recorrido del vídeo y sobre todo el final,  que nos aboca a la estupidez más absoluta.

Podría seguir.

PARA TERMINAR

Pensar en esa historia del “dos más dos son veintidós”, y observar a mi alrededor para darme cuenta de cuántos fallos hay por todos lados, en carteles, libros, anuncios, o creadores de contenido con cero rigor, dando por sentados hechos que no están contrastados… 

         ¿A dónde nos conduce todo esto? Solo me queda seguir observando, y trabajando para que las cosas que puedo transmitir como maestra tengan sentido, y sean un mundo de conocimientos claros, sencillos y bien estructurados para mi alumnado. Ah, y sobre todo, REALES. Lo que es, es. 

“Los hechos primero. Una vez establecidos los hechos establecidos y DEMOSTRADOS, se pueden formar las opiniones

Creencias Vs Hechos… Sentido Común